jueves, 8 de noviembre de 2012

Este Jueves relato. Volvemos en 6 minutos

      



AL HILO DE LA NIÑEZ
Calzábamos  la infancia con unos zapatos viejos que gastábamos en la calle, porque la calle era nuestra, hasta que la luna  fue un globo que se me escapó y la tierra  otro globo en el que vivíamos.    Al atardecer sonaba la musiquilla en la casa de alguna vecina que tenía televisión y oíamos las voces de nuestros amigos y amigas que nos llamaban  para compartir el programa y abandonábamos nuestros juegos de canicas o peonzas, o dejábamos de cambiar nuestros cromos y nos deleitábamos frente a la pantalla en blanco y negro. Aquella caja de imágenes pasó a ser nuestro mito de la caverna  y nos parecía que todo lo que se proyectaba desde allí  era real, de una realidad lejana como los sueños que vivíamos o nos inventábamos a raíz de dejarnos desamparados en  esos cortes  publicitarios.  Muchas veces no tardaban seis minutos, sino que  encadenaban  anuncios; unos tras otros. Y nos devoraba la impaciencia esos intermedios  larguísimos que nos juntaba  todas las lunas  escapadas  en el cielo. Entonces   alguien se convertía en un improvisado indio  que  berreaba de camino a los callejones, otros ensayaban el grito de Tarzán  subidos a las sillas de enea, yo me trenzaba el pelo como Pipi Calzas largas, e intentaba subir por las paredes. Desde esos  días soñaba con montar un caballo de lunares o perderme en una montaña con Heidi. En aquellas  pausas  entre los bastidores de la vida se volvían a oír las llamadas de  los compañeros que compartían su regocijo con los  niños y niñas del barrio; ya han vuelto!- exclamaban  inquietos, y nos adentrábamos sin pestañear en nuestra casa común que era Barrio Sésamo. 


A la vuelta hay más programación en casa de Gustavo.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Este Jueves un relato: COLORES




EL REFLEJO DE LOS DÍAS

El Lunes 
amaneció amarillo con puntillitas blancas como los huevos fritos servidos en un plato
El Martes   
se vistió de azul y sin tacones  para guardar cola en  la tienda de  de los sueños
El Miércoles 
ató el futuro a un pañuelo verde que encontró en el  bosque  cautivo
El Jueves 
se dedicó a garabatear  burbujas naranjas que  flotaban en  la mirada
El Viernes 
paseó cómplice  una sonrisa   marrón por calles anónimas
El Sábado 
 pintó de rojo la  escalera que llevaba al ático de las emociones
El Domingo 
desayunó besos   en una bandeja violeta llena de lisonjas
 Y el Lunes 
 volvió a ser amarillo con margaritas en el pelo.



Más colorines en casa de Lois y Clark


jueves, 11 de octubre de 2012

ESTE JUEVES UN RELATO: El teléfono



EN EL MARCO DE ESPERA
Desde su ventana, la misma que observa a la hora de las comidas,  como en un cuadro que sólo ella ha comprado , ve las estaciones pasar en ese árbol al que le crecen las ramas para poder  tocarla, porque ella vive  mirando hacia afuera.  Y  a través del cristal  sueña con ser un pajarillo y no una mujer discapacitada,  hundida en una silla de ruedas.  A ratos, vuela entre los ramales  y escapa por ese marco de luz lejos de la residencia, y sueña, porque en realidad toda su vida se ha sentido como  un caracol que arrastra una roca, y en sus pensamientos gira la noria de sus años allí metida. Nadie la visita desde hace tiempo,  y deambula por los pasillos  recordando a la familia.  Entonces, viaja hasta el otro lugar que ha adquirido sin remisión y a fuerza de constancia,   se coloca frente al teléfono esperando que su madre la llame, como si aquel cable rizado fuera una extensión del cordón umbilical. 

Más llamadas teléfonicas en la cabina de María José


jueves, 13 de septiembre de 2012

Este Jueves: Ojo por ojo




Al llegar a casa su esposa irradiaba una alegría inusual y le felicitó. Él le dio las gracias y la miró por el rabillo del ojo, antes de sentarse en el sofá.  Unas horas antes rodeaba entre sus brazos a una estudiante de derecho en su despacho. Aquella era su forma de conquistar a sus jóvenes ayudantes becarias. Siempre lo hacía con una mezcla de  improvisada naturalidad al  elogiarlas por su buena labor en el gabinete. Así, sus abrazos   se alargaban tanto que, esa tarde al igual que otras,  después del achuchón  también le crecía la entrepierna.
-Mira guapa, como me pones.-  le decía mientras colocaba la mano de ella sobre  la bragueta  con el pene erecto.
En ese momento  esperaba el cuerpo desnudo  de la joven junto al calor del suyo, pero esta vez,  la chica buscó la mano de él y la colocó a la altura de su sexo.
-Mira guapo, aquí tengo lo que te hace falta.  Tu mujer me dijo que además de unos buenos melones te encantaban las cebolletas y ha tenido el detalle de regalarte esta enterita por tu cumpleaños.

Más venganzas en casa de Tere Puntos Supensivos