sábado, 31 de marzo de 2012

Vacaciones


La primavera me deja pocha, por eso he decidido irme unos días aprovechando esta semana santa que para mí será familiar. Prometo que a la vuelta os visitaré. Un abrazo para todos/as.




viernes, 23 de marzo de 2012

Este jueves, un relato: Dèjá vu

Los nuevos vasos de cristal venían embalados en papel de revistas. Mientras mi madre les quitaba el envoltorio para fregarlos yo con mis manos planchaba las hojas para curiosear los artículos de prensa rosa y a todo color que arrugados todavía podían leerse. Después de ojearlos fui desechando impresos hasta que me topé con ese pliego que parecía de otra revista y comencé a leer:

"La celda es un lugar idóneo para conocerte a ti mismo, para indagar en tu propia mente y tus sentimientos. Solemos centrarnos en cosas externas como la posición social, la influencia y la popularidad y la riqueza. Esos parámetros son importantes. Sin embargo, los internos pueden ser aún más cruciales. La honradez, la sinceridad, la sencillez, la humildad, la generosidad, la falta de vanidad, la buena disposición a ayudar al prójimo son la base de la vida espiritual de una persona. La evolución en esas cuestiones es inconcebible sin una introspección, sin ser conscientes de tus puntos débiles y tus errores. Aunque sólo sirva para eso, la celda te da la oportunidad de analizar tu conducta. Meditar con regularidad (quince minutos antes de acostarte) resulta fructífero"

(De una carta de Nelson Mandela a su esposa Winnie, en la cárcel de Kroonstad)

Al acabar la lectura, levanté la mirada y observé a mi madre enjuagando los vasos debajo del grifo. En ese instante, el chapoteo del agua me transportó en el tiempo, sentí que ya había leído ese artículo antes o quizá alguno similar, miré la ropa de mi madre que permanecía de espaldas hacia mí y el estampado de la camiseta llegó de un pasado conocido, percibí que detrás del sonido del goteo ella me preguntaría:

-¿Te acuerdas de Rocío?- La miro y pienso que ahora cogerá un paño y se secará las manos y después de oírme, se sentará a mi lado.

Hasta el recuerdo de la chica me persigue, pero se detiene a que la evoque, y su imagen de niña de papá desenvuelta y privilegiada se queda por unos segundos merodeando en la cocina. Y mi madre me cuenta:

-El padre está en la cárcel.

Incluso aquella frase que parecía nueva ya estaba dicha, adiviné el tono y la forma en cómo la pronunció desde su boca. Me acomodo junto ella y escucho lo que ya sabía por unos segundos.

-Dicen que le han encontrado un buen alijo de droga en su casa.

Algo me dice que busqué más textos de Nelson Mandela entre los papeles que he amontonado encima de la silla, pero sé que no voy a encontrar nada más. Sé que esta búsqueda es una excusa, pienso que ese hombre, el padre de Rocío, debería pudrirse en la cárcel por muchas razones, una de ellas era su excesivo orgullo y otras que no me atrevo a confesar.

- Ojalá esté mucho tiempo.- sentencié sin ningún atisbo de arrepentimiento.

Doblo la hoja de la revista y la introduzco en el bolsillo de mi pantalón, decido que mañana escribiré una extensa carta.

Oigo un portazo en una de las habitaciones y salgo de aquel letargo, donde el tiempo ha restablecido su presente.

Más relatos y Dèjá vu en casa de Carmen Andujar

miércoles, 14 de marzo de 2012

Este Jueves de Cine: Las memorias de Antonia.

Antonia surgió de una mancha de tinta

esculpida a lápiz, como el borrador

de una mujer orfebre.

Regresa al reciente luto,

al dobladillo de su memoria,

de donde partió la yegua percherona

robusta como una decisión

de instalarse en el jardín

que trae consigo.

No puso hilos a su encaje

ni puertas a su campo

ni cadenas a las olas,

sólo tierra en el camino

y pasos largos.

No bastaba con clavar melocotones,

urgía el abrazo de algodón

que reconfortara a la víctima.

La casa estaba abierta.

Si quieres engendrar una flor

sin que cuelgue el tallo de la pared,

se te abrirá la estancia,

se ofrecerá la ventana sin cristal

para que inhales las hojas de menta

bajo la lluvia.

Cuando el tejido de una sotana

comienza a preguntar al nogal

por el azogue del reptil

es el momento de desnudar

las respuestas: colocarlas en fila

y asesinarlas

a la luz de una guillotina.


Antonia buscará tu asilo;

llama y entra,

pero no vengas con todos tus hijos

a pedir miel de abeja

porque

hay que atravesar pasillos;

antes de llegar a la colcha

y para dormir es necesario

atusar la almohada.

Una vez hayas obedecido,

la pícara luna te tocará con una de sus puntas

y aullarán los gatos de enero bajo las estrellas.

Seguramente

si vuelve el ruin con hechuras de señor abotonado

y rompiera los sueños de la niña,

precisa armarse de leones y gruñir sobre los días

que esperan sus botas.

Ella se marchará después

al lugar donde resucita la gotera,

a la hendidura de su ojo.

La vida continuará a pesar de los nubarrones,

a pesar de toda la tinta

esparcida en el orden de las cosas.



Si queréis más cine, Neogeminis a abierto su casa y ha puesto el proyector con muchas más películas.

jueves, 1 de marzo de 2012

Este Jueves, un relato. El apego a un objeto



Querida amiga:

Esta mañana he abierto el cajón de los recuerdos sólo para poner un poco de orden en él. Como si los recuerdos tuvieran orden o disciplina y se presentaran uno a uno por fechas. No, amiga mía, quería acomodar aquellos objetos que contienen mi memoria, o están impregnados de alguna emoción o sentimiento, o los acompañan la presencia imaginaria de alguna persona y que, por eso mismo, incluyen una historia. Y entre mis objetos que me han acompañado, estaba tu dibujo , aquel que me entregaste entre risas; unas risas que me hacían falta en aquel momento. Y lo guardo igual que un pergamino en mi cajón. Ahora que lo tengo entre mis manos, me viene a la memoria tu hombro, en el que lloré ¿te acuerdas? Yo, que creía haber encontrado mi media naranja, me sonreíste y levantaste la voz para decirme que Carlos, ni siquiera era un limón entero, que era un boniato feo con nariz de pingüino . Yo que andaba dejándome los mocos por su abandono apareciste en mi casa para tomar un café, y después de escucharme largo rato chupándome las lágrimas y los pañuelos, me dijiste esa tontería… que en otro momento tal vez te hubiera arrojado cualquier cenicero por la ira, pero, me hizo gracia. Luego me soltaste ese rollo de que vivir en pareja era como las zapatillas de andar por casa y tú siempre habías sido la zapatilla izquierda. Después me diste el esbozo y me preguntaste si quería ser tu zapatilla. Y nos echamos a reír al ver tus ocurrencias sobre el vasto papel. Te escribo para decirte que encontré tu zapatilla, esa que te falta para andar por casa, está aquí, e iré a llevártela para este invierno.

Mientras llega, te mando un abrazo que te rodee entera.

Carolina.




Más relatos para sentir apego en casa de Sindel