miércoles, 31 de julio de 2013

Este jueves; la luna.

(Foto de Alcaudete)

LUNA  NUEVA
Luna nueva que oscura viste el cielo,
sin rostro iluminando en la distancia,
disuelta como el agua en abundancia
esperando la noche con anhelo,

a mirar las estrellas con desvelo
y buscar el silencio de la infancia;
inocente perfume que en la estancia
recoge el interlunio en un pañuelo.

Y lo agita de noche sin medida,
sacudiendo la luz tímida y clara,
y a cachitos crecientes, definida

esa  imagen que en el cielo sumara
una capa de luces investida
que sobre las cabezas coronara.


Más luna-res en casa de María José


miércoles, 10 de julio de 2013

Este Jueves. Historias detrás de las pinceladas.

                                                                                Mujer sentada de Miró

 LA PUERTA DE DOS MUNDOS

A veces hay puertas que se cierran y echan raíces tan profundas que se convierten en un muro de piedra, en una línea fronteriza de un mapa con dos mundos.
Ella navegó desde Cuba, con la maleta llena de sueños y promesas, con el hambre doblada en un rincón del equipaje. Trajo su piel oscura y sus ojos claros, su enorme culo y una bicicleta.
Vino con un dios embotellado que descorcha en los amaneceres fríos. Ella, predica por las calles mientras te vende un paquete de bragas negras sin encajes o un pijama de estrellitas o calcetines de olvido.
Los hijos que trajo como alforjas o que engendró en una noche de putas, crecen lejos de sus manos y de sus besos. Por eso se le enreda el pelo, como la vida que pega tirones y le pincha una rueda en mitad de la nada.
Él quiso ser torero de plaza y ruedo, de orejas y capotes hasta que la vida se le quedó en un palmo, en un hilo de suero y hospital, y con todo, pudo aferrarse al capote y salir a hombros a la calle. Desde entonces cada noche antes de acostarse pone un vaso de agua en su mesita para tragarse los programas de mierda junto a un puñado de pastillas a las que le nacen hilos en su cabeza, en sus manos, en su cuerpo.
La conoció una tarde de domingo de compraventa de tejidos y carne morena. La subió a su casa y se quedó a dormir un año y varios días. Pero él se cansó de vomitar al diablo y de rezar sin calzoncillos arrodillado frente a la cama. Y una mañana sin despunte sacó sus bártulos a la calle y cerró la puerta tras de sí. 
Ella al volver de su trasiego vio sus pertenencias arrojadas al desprecio y se acomodó junto a los enseres a esperar que la puerta en su muro de silencio abriera una rendija para colarse de nuevo.

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PD.: Este relato lo escribí hace dos años, espero que valga para este jueves. Ando poco inspirada últimamente.