No cabían dudas, con ella no había resquicio de incertidumbre, la conocí hace casi un par de años al vuelo; como se conocen las personas por el espacio, igual que al cerrar los ojos, sólo sientes. Así fue como conocí a Emejota, por este universo virtual, en el que son nuestras palabras las nos presentan ante los demás. Cabía la posibilidad de que cada persona se reinventara detrás de un blog, pero eso, se puede hacer unas cuantas veces, pero no durante mucho tiempo. Y en cada entrada la fui conociendo, como a otras personas en este mundo de los blogs. Para mí, siempre será mi madrina bloguera, un referente con el que me identificaba a través de sus historias, porque, la forma de actuar ante algunos hechos la respuesta era similar a la que yo adopté en mis circunstancias de forma intuitiva. Y nos reconocimos sobre los renglones, sobre los párrafos escritos. Curiosa es la forma en que suceden estos conocimientos, cómo llegan en forma de sensaciones a través de la lectura. Pero Emejota no es una novela, ni un libro cerrado al que hay que abrir y comenzar a leer para entrar en la trama de su vida, ella es una mujer que habla de sí misma con la misma naturalidad de la persona que se conoce y se reconoce aunque se pierda en algún momento para volver a encontrar el camino.
Cuando me dijo que pasaría por Jaén para darme un abrazo, no podía creer que algún día pudiera conocerla. En algunas ocasiones, pienso que tal vez mi forma de ser pueda decepcionar a la otra persona que intenta conocerme, pero en seguida se disipa esta duda porque mi forma de ser es la que tengo y no tengo otra de repuesto para ocasiones especiales, cada persona que conozco ya sea en el ámbito que sea, merece mi respeto y como tal seguirá siendo de esa forma. En cambio, la idea de conocerla para mí no albergaba desconfianzas, me sentía segura. Al escucharla por teléfono, su voz sonó como yo la imaginaba. Pero al verla junto a Zola y Vega desde lejos casi no la reconocí, tuve que acercarme para darle un abrazo cuando le vi los ojos a través de las gafas cuando supe que era ella. Me gustó ese aspecto de edad indefinida, su porte de mujer libre y su sonrisa rescatada de una nube, porque en el momento que comenzamos a hablar ella me pareció un paisaje por el que comienza a salir el sol. Y llegó aquella sensación de que no había tiempo entre nosotras, que el tiempo era indeterminado, como el lugar, y la charla, como si esta visita fuera como una burbuja fuera del tiempo. Luego apareció Chelo, mi amiga y paisana del blog “ Y nacimos casualmente” con la que quise compartir la tarde y la llegada de Emejota. Y pasamos una tarde muy amena, charlando de nuestras cosas, de nuestros blogs, de la vida.
Cuando la despedí para que ella continuara su viaje y marchaba a mi casa, yo permanecía en la misma burbuja fuera del tiempo con un bonito paréntesis de abrazos.











