
Y naciste con la sentencia
del dedo acusador,
de ese hombre que es tu padre,
tu marido o tu hermano.
Eres culpable de llevar el soplo
de la vida,
de callar cuando la sangre te hace
impura,
culpable de amamantar el futuro
con tus pechos,
culpable de mirar con otros ojos
la luna y su horizonte.
Por eso te envuelven entre paredes
de algodón
en tu cuarto de castigo;
te tapan con tela de cortina
igual que una pared sin ventana
para que no llegue la luz de fuera
que es tu calle prohibida,
tu paso acordonado
y tu amor en la penumbra.
HISTORIA
La burka comienza a vestirse entre los años 1901 y 1919 durante el reinado de Habibulla. Este rey celoso de su propiedad femenina que ascendía a doscientas hermosas mujeres en su harén decide imponer esta vestimenta a sus princesas para que otros hombres no se vieran tentados y la belleza no traspasara las puertas del Palacio. Muchas princesas eran cubiertas por burkas bordados con hilo de oro. Esta prenda salió de palacio y se puso de moda entre las mujeres de clase alta para protegerse de la mirada del pueblo. Y alrededor de los años cincuenta su uso se extendió al país entero.
En 1992 los fundamentalistas llegan al poder, entrenan a los talibanes, quienes desde el 1996 ordenan la utilización obligatoria de esta prenda. A partir de aquí, cubrir a las mujeres con esta vestimenta ha supuesto que no llegue hasta ellas, ni la educación, ni la sanidad, ni la cultura, ni el trabajo, ni la libertad.
La maternidad Malalai parece una isla en este mundo de locos al estar rodeada de un muro de cemento construido por los talibanes, con dos ventanucos diminutos. Al otro lado del muro acampan los hombres, hablan a través de los ventanucos con sus mujeres como si la maternidad fuera un acto abstracto que no perteneciera a la humanidad. Una vez que han nacido los hijos, estos no crecen bajo el calor de la madre ni con la mirada protectora de ella, es la burka quien amamanta a estos niños, rompiendo cualquier lazo con la madre.
Los jóvenes que trabajan en el Ministerio de la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio patrullan la ciudad con látigos y palos buscando entre las mujeres alguna uña esmaltada, alguna pierna sin pantalones, alguna carcajada, o todo aquello que no se considere decente en una mujer.
El adulterio está castigado con la lapidación. El 87% de las afganas afirman ser víctimas de violencia de género. Y lo lamentable de esta situación es que los años de invasión de Estados Unidos en Afganistán no ha propiciado ninguna mejoría sobre los derechos humanos con respecto a las mujeres.
Tal vez si le contáramos esta historia a Scherezade la protagonista de las ‘Mil y una noches’ pensaría que en un siniestro cuento, pero tristemente la realidad supera con creces la fantasía.


