sábado, 18 de diciembre de 2010

La memoria de los pinceles



Sobre la amplía mesa se encontraban todos los utensilios de la pintura, Irene dibujó una línea imaginaria entre los lápices y los pinceles. Los lápices trazaban un camino que dio color a su niñez, a esos monigotes imperfectos, a esas líneas sinuosas que poco a poco se iban enderezando con la paciencia de quien se deleita en su trabajo. De pequeña un día soñó que los pinceles tenían memoria y que sólo necesitaban el calor de una mano para pintar todo lo que habían visto, pero antes debían aprender a mirar. Esa mañana se despertó con la sensación de que había descubierto algo importante, entonces descubrió la luz que entraba por su ventana, alzó su mano y quiso tocarla, pero como no pudo se puso a jugar con ella sin darse cuenta que poco a poco se iluminaba su habitación, allí también descubrió las sombras y desde ese día quiso aprender a pintar.

Cogió el pincel y lo llevó a la altura de sus ojos, aquel era un paso muy importante, dejaba atrás la infancia plasmada en sus dibujos de colores y daba paso a la chica adolescente que quiere plasmar la vida en un lienzo. De momento el lienzo blanco sostenía su mirada y comenzó a preguntarse si el lienzo le mostraría la imagen que pretendía salir desde allí mismo, desde el centro de ese blanco absoluto. En ese instante le pareció una idea absurda pero quiso poner en práctica el sueño de su infancia y acudió a la memoria de los pinceles, y con el calor de su mano el pincel comenzaría a dibujar. Y ocurrió que cada vez que cerraba los ojos, veía aquella imagen de un ramillete de flores violetas y el pincel comenzó a mezclarse con el óleo, y el óleo con los colores de las flores, y las flores comenzaron a salir del pincel que sostenía la mano.

Irene García (13 años)

Una vez hubo terminado se quedó mirando las flores que nacieron en el marco y pensó que el viaje de los lápices hacia los pinceles había sido el mismo que de su infancia hacia su adolescencia y aquel era el resultado, un ramillete de bellas flores con toda la luz detrás. Su primer cuadro.

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Aprovechando la pintura de Irene la hija de José Vte. que la he cogido prestada ,quiero desearos que siempre tengáis flores en el corazón o una bonita primavera en todas las estaciones de la vida.

Traducido al lenguaje colocoquial : que tengáis unas FELICES FIESTAS Y UNA BUENA ENTRADA DE AÑO :-)


domingo, 12 de diciembre de 2010

Gracias a vosotr@s



Esta entrada la voy a dedicar a Mª Jesús y a todos y todas las participantes del CONCURSO PARADELA DE COLES.

Debería de estar bailando y dando saltos de alegría, pero yo soy muy comedida, igual que enfrento las dificultades cuando llegan, las alegrías, las recibo de igual modo. Ganar un premio lleva responsabilidad, y mucha, fijaros que participar en forma de juego todos somos iguales, partimos desde cero y luego nos vamos desarrollando, pero ganar asusta, os lo digo enserio. Yo en mi vida personal intento pasar desapercibida, quizá porque soy algo tímida y lo suplo con simpatía, pero cuanto más tratas de que ocurra una cosa ocurre todo lo contrario. Así que cuando recibo la noticia… me voy a la cocina.

Y la cocina se me hacía un mundo, resumía en mi cabeza todo el año 2010, un año intenso y doloroso. Realmente este año me ha dolido, lo he imaginado como un ser grande que me ha estrujado igual que una esponja. Colocaba los platos uno a uno y las lágrimas hacían que sólo mirara hacia adentro y, reviviera todas las experiencias y emociones que he vivido durante este año que cuenta su último mes.

Realmente ha sido un camino tortuoso, un año lleno de espinas en el corazón. Yo comenzaba este año con un poema que nació en la orilla del mar.

ENERO 2010

... la vida en cajones,
el año mordido en su luna azul,

el pasado en cartas grises
y ceniza entre mis manos:
color prendido de esa nube

que llora por semanas

.
...y otra vez batas blancas
en el corazón de mi madre,
innumerables ratones
con agujeros
de fruta seca

.
...en la playa,mi hija abre surcos en la arena
y planta cerezos de invierno.

...en el horizonte mi futuro
recogido junto a los versos

de un poema prestado,
un libro
sin páginas que anota estelas.

... a cada minuto alguien mira su ombligo
y al círculo
le crecen esquinas
como rosas de viento,
y el camino sin zapatos,
como siempre.

...y otra vez preguntas
y graznidos de gaviotas,

otra vez las manecillas del reloj,
humedece mis folios.

Tuve miedo de cumplir cuarenta y tres años y que mi vida se parara como se paró la de mi padre a mi edad, me hacía daño mirar hacia atrás, y cuánto más miraba, la vida pasaba a ser un libro pesado que debía cerrar o en todo caso debía aprender a mirar esos pasajes llenos de riscos, aristas y heridas. No eran un puñado de emociones que se instalaban sin ton ni son, toda yo era una emoción completa indivisible por la que la vida y el tiempo pasaban a la vez. Y debía seguir caminando a pesar de todo.

Ahora que he puesto mis cacerolas en su lugar, mis lágrimas se deslizan sin mi permiso, pocas veces las he sujetado, las dejo libres, porque necesitan salir a darse una vuelta y asomarse por mis ojos. Estoy asimilando que he ganado un premio de un concurso en el blog de Paradela de Coles, pero no es un concurso de estos que debes introducir tus datos fríamente en un sobre cerrado y concursar con un poema o un relato o un cuento, aquí nos hemos conocido, nos hemos reunido alrededor del blog de Mª Jesús y nos hemos enriquecido mutuamente, detrás de los textos había personas que poco a poco han ido formando parte de nuestras vidas virtuales o tal vez no tan virtuales. Un amigo mío llamaría a esto justicia poética, tal vez por eso estoy emocionada, tal vez por eso esta alegría que ha vuelto del revés las últimas semanas igual que calcetines. Y con todo, he estado poniendo mis emociones en equilibrio que han sido muchas y ésta ha sido la mejor de todas.

Reconozco que este año también he aprendido mucho, y que ha sido un año que se me ha llenado de personas de todo tipo, he navegado con la naturaleza humana, la mía y la de los demás. Al igual que algunas personas me han decepcionado otras me han aportado tranquilidad y me han enriquecido espiritualmente, y estas personas hacen que merezca la pena vivir.


Por eso voy a brindar con vosotr@s, Anna, Aro, Emejota, Felicitat, Anusky, Noche, Calvarian, Monserrat, Ibso, Jose Vte, Mamé, Dilaida y Mª Jesús. Os llevo en mi corazón.



miércoles, 8 de diciembre de 2010

LOS ÁRBOLES NO CREEN EN DIOS (Concurso de Paredela. Convocatoria de Diciembre)




‘Respecto de la justicia, yo creo que lo justo en el fondo es lo que nos conviene.’

El arbol de la ciencia. (Pío Caro Baroja)



1.- Abrió el cajón de su vida silenciosa sobre el papel, la escritura con su propia melodía llenaban los rincones de recuerdos y le temblaba la mano con sólo pensarlo. Rebuscó entre el pasado y sacó esa foto que en el reverso tenía escrito un soneto primerizo que le inspiró nada más verlos en medio del campo. Sintió que esa imagen necesitaba versos que rimaran, como riman los abrazos al juntarse.




2.- Los árboles con lazos en las ramas,

cobijo del amor desde la tierra.

Acompaña el delirio de su pena

que sin dios y sin fe buscan su calma,


en el espacio abierto que amamantan

la libertad sin muro, ni cadena,

solo el cielo y las nubes los contemplan

orgullosos de no padecer del alma.


Juntos y en silencio, ajenos al tiempo

y al transcurrir cotidiano de los días

que pululan misteriosos y lentos


al paso de las tardes grises y frías,

ellos crecen humildes y contentos

y devuelven al paisaje su armonía.


3.- Recordó a Illanah y a Kasib cuando plantaron ambos árboles cerca del muro que separa Israel de Palestina, ella una niña judía y él un niño musulmán. Ambos con la edad tierna de las ramas y los brotes despuntando los sueños en forma de hojas. Las semillas germinaron y las raíces tomaron de la tierra sólo el espacio imprescindible para abrirse con sus ramas en la superficie y esperar, porque el oficio de los árboles es permanecer y recordar en su interior los anillos que se escriben sin apenas hacer ruido. Durante la infancia aquellos niños que jugaron a ser parte del paisaje crecieron como estos árboles, les bastaba respirar y alimentarse de la tierra, o posarse sobre ella y contemplar durante el día el cielo, el sol y las nubes, y en la noche antes de soñar cubrirse con estrellas.

Sí. Esa mañana de septiembre entre el sueño y el café se cruzó aquel titular en el periódico.

En busca de la paz: Israel y palestinos reanudaron diálogos directos

Mahmud Abbas, Benjamin Netanyahu y Obama (Jueves, 2 de Septiembre de 2010)

4.- Así se abrazan los hombres desde sus trajes limpios y pulcros, sin apenas rozar los botones de las mangas en el tejido del otro, puestas las sonrisas de la última estantería de los ensayos, cuellos de camisa y corbata civilizada para una foto inmortal, una foto sin madera ni raíces pero con toda la tierra amurallada.

Y todo por la tierra prometida de ese pueblo que en estandarte se dice elegido por Dios. Y todo por esa casa tomada que tal vez hubiera escrito Cortázar de vivir en Palestina. Y todo por ese país que se cree el ombligo del mundo sembrando guerras por doquier. Y todo porque dicen buscar la paz y sin embargo, se abrazan mientras acumulan cadáveres a sus espaldas.

5.- Recogió ambas fotos y las miró detenidamente, luego miro el cajón de madera abierto donde había otras fotos que dormían tranquilas. Una vez más volvió a sentir que la paz, esa PAZ de la que tanto hablan se guardaría en el cajón de las causas perdidas, porque no conviene. En sus manos nerviosas sostenía la foto de los árboles, estos que no creen en Dios y, que a su modo natural de ser, encontraron la paz hace años sin diálogos; en silencio desde la tierra hasta el cielo.