
Mi blog tiene una crisis existencial. Se encuentra en ese punto en el que Hamlet decía ‘ser o no ser’ o en este caso ‘estar o no estar’. Desde este verano que asumí la aventura de crearlo me detengo ahora para interrogarme. Si bien lo que me motivó fue algo que dijo Isabel Allende en una entrevista sobre que escribir tenía algo de exhibicionismo. Hasta entonces una parte de mis escritos andaban en un cajón desastre, sólo de vez en cuando los dejaba salir a dar una vuelta, o me acompañaban a una comida amistosa, o cuando me sentía valiente los empaquetaba para un concurso y algunos poemas volvían premiados, o los mandaba a personas queridas. Pero al igual que cuando destapas un secreto que andaba pegado en la memoria y al soltarlo notas que ya no te abriga, y el frío se cuela como si dejáramos una ventana abierta, así podía sentirme yo cuando sacaba mis versos del cajón, o relataba alguna historia. En todo caso, pensé, que me vendría bien un ejercicio de exhibicionismo, y comencé mi blog, sin preguntarme demasiadas cosas, aunque sinceramente cada vez que hacía una entrada intentaba hacerlo sin hacer mucho ruido, con las zapatillas en la mano y caminando sigilosamente.
Poco a poco voy asumiendo mi yo virtual, éste que carece de presencia física, pero que en cambio se mueve por medio de las palabras y ella a su vez me da la forma, o la existencia en este espacio, y comienzo a moverme, a bucear en esta enorme pecera y descubro que hay otros blogs, cientos de blogs de todo tipo, temática, formatos, cada uno especial en sí mismo como las huellas dactilares. Cuando llevo varias entradas y nadie me comenta nada, comienzo a preguntarme si merece la pena estar aquí. Porque si en una obra de teatro los aplausos les dan vida a los actores, en este espacio son los comentarios, o las visitas que se reciben le dan valor a lo que estás haciendo, por eso, decido poner un contador, sobre todo por curiosidad, ya que otros blogs tienen muchísimos comentarios y otras tantas visitas, el resultado es desolador, sobre todo las primeras semanas. Cuando dudo en eliminarlo o no, aparecen mis primeros seguidores, y mis primeros comentarios de personas que conozco y también que desconozco, o que comienzo a conocer.
Después de un tiempo averiguo que el mundo de los blogs tiene su propia dinámica, su forma de perpetuarse, su propio movimiento, su propia vida, que no es otra que la que le dan las personas que lo alimentan con sus experiencias vividas o imaginadas, pero que quedan plasmadas al fin y al cabo.
Leo en el periódico El País que Roberto D'Agostino un bloguero italiano trabaja en su blog alrededor de 12 horas diarias y que tiene en su haber 700.000 páginas vistas diariamente, con 12 minutos de estancia media. Después de leer esta noticia me pica la curiosidad e investigo un poco más sobre los blogs, y descubro que el 17% de los blogueros viven de su blog, que dos de cada tres blogueros son hombres, y que el 7% mantienen un blog con regularidad.
Ahora comprendo que mi blog se tumbe en el diván, y se pregunte que hace en este mundo virtual. Lo importante es ‘crear parroquianos’ decía un blog para blogueros principiantes, y cuando llevas un poco tiempo como es mi experiencia, se consigue, a base de perseverancia y sobre todo de tiempo. Ay el tiempo!!! El tiempo para mí es un comecocos que me anda pisando los talones, repartir mi tiempo es algo así como dividirlo en porciones de quesitos, mi existencia real ocupa la mayoría de esas porciones, en detrimento de mi existencia virtual, es decir, mi yo bloguero que tengo sentado en este diván público. Pero me doy cuenta que no soy la única, que otros blogs con mayor trayectoria que la mía se han detenido a reflexionar, o simplemente han cambiado el concepto de la propia existencia espacial.
El caso es que comencé el blog, al igual que comienzas a escribir, por amor al arte, por amor a las palabras. La vida también está llena de ellas, y las palabras me han acompañado arropando a veces largos silencios. Tal vez de eso se trataba cuando comencé mi blog; de trasladar mis escritos desde el cajón desastre a un escaparate virtual donde comunicarme, pero que el mundo virtual traza un paso que me cuesta seguir, por eso desde ahora marcaré mi propio ritmo, el que me otorgue el reloj de los días. De momento mi blog seguirá en el diván.
Escrito por EncarniLa foto es de google.


