viernes, 8 de octubre de 2010

V Concurso de Paradela. Convocatoria Octubre

BESOS DE ÁRBOL EN LA CAÑIZA

No sabía por qué le temblaba la llave entre las manos. Antes de abrir la casona, de la Cañiza, acercó el oído a la puerta e intentar escuchar algún ruido que viniera desde el interior, pero la casa respiraba en su silencio más absoluto. Para ella, era la casa del otoño, la casa de los recuerdos que se abren cuando se abre la puerta y entonces ella se hace pequeña y sube la escalera que ha esperado todos estos años sin reproche. Llegó hasta su habitación, quería verla como en un sueño que tuvo; su cuarto convertido en un campo de margaritas y amapolas por el que correteaba sin límites, fue un bonito sueño que guardaría como guardó su infancia plegada como un secreto. Pero allí, todavía quedaban restos de la niña que fue, y le produjo un extraño sentimiento caminar por la casa. A ratos todo le parecía grande, con esos ojillos que traía prestados de un ayer que le hacen las delicias del presente, del hoy, de la mujer que es y que se desdobla. Fue a la habitación de sus padres y vio en la mesita aquellas fotos que tanto veneraba su madre.




En una de ellas estaban sus abuelos en blanco y negro posando desde hacía muchos años en ese portarretratos que languidece la mirada y se vuelve pálida, pero no muere porque es un momento estático, un momento para no envejecer, porque el tiempo se detiene junto a ellos, aunque se deshojen muchos calendarios. En la otra foto estaba ella junto a su madre y desde que levantaba dos palmos del suelo, de puntillas alcanzaba a cogerla con ambas manos y la miraba intentando reconocerse. Se podía tirar horas con la foto paseándola por los pasillos, en varias ocasiones rompió el cristal que por fortuna nunca hizo herida.

Bajó las escaleras y caminó hacia la cocina. Se detuvo en el quicio de la puerta como hacía de pequeña, y espiaba a su madre cocinar mientras escuchaba las voces que salían de aquel trasto enorme que era la radio. No olvidó ese día que su madre estaba tan contenta, y como ahora descubrió que la observaba, apartó la comida del fuego, apagó la radio y le dijo:

-- -Ven, vamos a comernos los besos de árbol que ha traído tu tía.

Sin decir nada, siguió a su madre hasta el porche trasero, y sobre la mesa había una cesta de brevas.

-Ven, mi niña, te voy a contar por qué las llamo besos de árbol. Recuerdo que a tía Anuncia le había escrito un chico y se fue debajo de la higuera a leer la carta, allá en la finca Paradela. Yo la buscaba para arreglar unos tomates de la huerta y la encontré allí tumbada boca arriba, con los ojillos cerrados y abrazada a su carta con una sonrisa de bebé. Me acerqué a ella sigilosamente. Olía como huele una higuera en octubre, con ese aroma dulzón perfumando la finca.



- Y vi aquella breva en el árbol a punto de miel, toda ella apetitosa, justo encima de la tía Anuncia, así que con mis poderes mágicos, plis, plis, plis, la hice caer justo en los labios de ella. Tía Anuncia abrió los ojos sobresaltada y se lamió el labio inferior degustando esa gotita de miel. ¿Te gusta? – le pregunté. Ella me contestó, que sí, que le había dejado un dulce paladar. Has visto Anuncia- le dije - el árbol ha venido a besarte. Y nos reímos a carcajadas. Desde ese día las llamamos así.

Entre sus recuerdos, aquel podía saborearlo, sólo le bastaba cerrar los ojos y sentir el dulzor en su boca.

Necesitaba volver a la casa y quedarse unos días, unos meses… no había decidido el tiempo, porque eso ya no importaba. Necesitaba reencontrarse con su infancia, con esa niña que le salió al encuentro nada más abrir la puerta. Y decidió ir a la finca a traerse unos cuantos besos.



martes, 21 de septiembre de 2010

BURKA


Y naciste con la sentencia

del dedo acusador,

de ese hombre que es tu padre,

tu marido o tu hermano.


Eres culpable de llevar el soplo

de la vida,

de callar cuando la sangre te hace

impura,

culpable de amamantar el futuro

con tus pechos,

culpable de mirar con otros ojos

la luna y su horizonte.


Por eso te envuelven entre paredes

de algodón

en tu cuarto de castigo;

te tapan con tela de cortina

igual que una pared sin ventana

para que no llegue la luz de fuera

que es tu calle prohibida,

tu paso acordonado

y tu amor en la penumbra.


HISTORIA

La burka comienza a vestirse entre los años 1901 y 1919 durante el reinado de Habibulla. Este rey celoso de su propiedad femenina que ascendía a doscientas hermosas mujeres en su harén decide imponer esta vestimenta a sus princesas para que otros hombres no se vieran tentados y la belleza no traspasara las puertas del Palacio. Muchas princesas eran cubiertas por burkas bordados con hilo de oro. Esta prenda salió de palacio y se puso de moda entre las mujeres de clase alta para protegerse de la mirada del pueblo. Y alrededor de los años cincuenta su uso se extendió al país entero.

En 1992 los fundamentalistas llegan al poder, entrenan a los talibanes, quienes desde el 1996 ordenan la utilización obligatoria de esta prenda. A partir de aquí, cubrir a las mujeres con esta vestimenta ha supuesto que no llegue hasta ellas, ni la educación, ni la sanidad, ni la cultura, ni el trabajo, ni la libertad.

La maternidad Malalai parece una isla en este mundo de locos al estar rodeada de un muro de cemento construido por los talibanes, con dos ventanucos diminutos. Al otro lado del muro acampan los hombres, hablan a través de los ventanucos con sus mujeres como si la maternidad fuera un acto abstracto que no perteneciera a la humanidad. Una vez que han nacido los hijos, estos no crecen bajo el calor de la madre ni con la mirada protectora de ella, es la burka quien amamanta a estos niños, rompiendo cualquier lazo con la madre.

Los jóvenes que trabajan en el Ministerio de la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio patrullan la ciudad con látigos y palos buscando entre las mujeres alguna uña esmaltada, alguna pierna sin pantalones, alguna carcajada, o todo aquello que no se considere decente en una mujer.

El adulterio está castigado con la lapidación. El 87% de las afganas afirman ser víctimas de violencia de género. Y lo lamentable de esta situación es que los años de invasión de Estados Unidos en Afganistán no ha propiciado ninguna mejoría sobre los derechos humanos con respecto a las mujeres.

Tal vez si le contáramos esta historia a Scherezade la protagonista de las ‘Mil y una noches’ pensaría que en un siniestro cuento, pero tristemente la realidad supera con creces la fantasía.

viernes, 10 de septiembre de 2010

CRÓNICA DEL PRIMER DIA DE COLEGIO



Suena el despertador, y la mañana parece querer entrar a borbotones por la ventana. Las manecillas del reloj me agitan y quieren que abandone mi refugio; el calor de las sabanas, y la almohada que ha custodiado mi sueño y mis sueños. Hoy comienza el colegio, aunque por ser el primer día se va a comenzar un poco más tarde. Atrás quedó el tiempo del verano en un paréntesis y la vida continua entre puntos suspensivos, comienza la disciplina de los horarios, las matemáticas de la distancia, el lenguaje cotidiano y familiar y un curso incierto lleno de interrogantes. Me desplazo descalza por el pasillo, y antes de despertar a mi hija la observo todavía dormida aferrada a su sueño, recuerdo como fue creciendo, y siento un pellizco en el estómago; el vértigo que siente una madre de no poder controlar el espacio, ni los días, ni el tiempo que se desborda.

Preparo el desayuno. Mezclado al olor de las tostadas me invade el olor a lápices, a libros plastificados, a novedad en la mochila y me siento vieja de repente, con recortes de recreo pegados a mi memoria, y deshago las trenzas del pelo que mi madre con esmero me ha peinado, y siento la punta de los dedos que me duelen en los zapatos. Sí, yo también crecía con la canción del Cola cao y me olvidaba la cartera de los deberes por un donuts.

A regañadientes se toma el vaso de leche, me pregunto si será la falta de sueño o los nervios que le hacen dudar o que tal vez siente el mismo nudo en el estómago que yo. La miro a la cara, con el incipiente acné que cualquier día pasará página a su infancia, y me da miedo pensar en el futuro, así que me detengo para darle un beso en la mejilla e impedir que se haga mayor, al menos hoy podré conseguirlo.

Suena mi móvil; la nueva directora me comunica que al ser la presidenta del A.M.P.A debo llegar antes para recibir a los niños y niñas con sus respectivas familias. Ahora entiendo el pellizco en el estómago, algo que va aumentando mientras ultimamos los materiales en la mochila. Me siento como una niña que camina hacia su aula.

Vamos por la calle y miro al suelo, pronto crujirá el otoño debajo de nuestros zapatos, aunque todavía nos vista el verano desde los pies. Podría parecer otro día cualquiera, de esos que se repiten y nos hacen sentir un ‘dejà vu’, pero será el primer día de otros muchos que pasaran por este camino de rutina. Parece que fue ayer cuando la cogía de la mano y extendía el cordón umbilical para sortear los obstáculos hasta llegar al colegio. Y pienso en todo lo que le queda por aprender, descubrir, pensar, sentir y vivir y sobre todo a conjugar los verbos en el presente de indicativo porque su pasado está a la vuelta de la esquina, casi en pañales.

La escuela tiene las puertas abiertas de par en par, como una gran boca que a la entrada se van agregando a esa larga lengua de niños que alborotan con sus risas después de un silencio veraniego que le devuelve la vida al patio. Hay bullicio, saludos y risas entre mayores y pequeños. Alcanzó a ver a una cámara de televisión filmando a los protagonistas de este breve acontecimiento que saldrá en las noticias para regocijo de progenitores y familiares.

Es la primera vez que la Dirección da la bienvenida a los escolares acompañados, después de la Jefa de Estudios, es mi turno al micrófono, hubiera preferido un karaoke en una fiesta porque la oratoria improvisada no es lo mío, titubeo un poco pero consigo decir una palabra detrás de la otra y sobre todo consigo ser breve. A decir verdad, aplauden a la Inspectora de Educación que da un discurso algo más preparado que el mío, cosa evidente.

Una vez que los niños entran, aún quedan rezagadas algunas madres, o abuelas y algún que otro padre o abuelo en la puerta, aquellos o aquellas que les cuesta un poquito más el separar la mañana de su presencia. Al fin, se cierra la puerta, esa puerta que va directa al inicio social. Pero, mañana será otro día, en todo caso el Lunes será otro grano de arena en nuestro reloj del tiempo.




miércoles, 8 de septiembre de 2010

GANADORA DEL IV CONCURSO DE PARADELA


Gracias a todos y a todas por vuestras felicitaciones, por vuestro apoyo y por vuestro afecto. Ha sido fantástico participar en el concurso de PARADELA con Mª Jesús al frente y me ha sorprendido gratamente todos y cada uno de los participantes. Si bien los contricantes compañeros han puesto el listón muy alto, la verdad es que no me esperaba ganar. Mi premio habéis sido vosotros/as: La vitalista Anna, Txema, el periodista no tan novato; La sombra del escritor de Calvarian; La simpática Anusky; la inquieta y conocida Emejota; la naturalidad de Arrobos; y la bondad de Miguel Angel, y por su puesto la anfitriona Mª Jesus.
GRACIAS!!!!






Y después de estar haciendo un bonito videotoda la tarde con la ayuda de mi hija, al final bloguer no me ha dejado descargarlo, en el video incluía esta última foto en la que os mandabamos unos besos voladores a todass y todos los que se han pasado por mi casa y me han apoyado o simplemente me han visitado. Ha sido un honor.



ESTE HA SIDO MI TROFEO: LA AMISTAD QUE ME HABEIS BRINDADO.