miércoles, 8 de diciembre de 2010

LOS ÁRBOLES NO CREEN EN DIOS (Concurso de Paredela. Convocatoria de Diciembre)




‘Respecto de la justicia, yo creo que lo justo en el fondo es lo que nos conviene.’

El arbol de la ciencia. (Pío Caro Baroja)



1.- Abrió el cajón de su vida silenciosa sobre el papel, la escritura con su propia melodía llenaban los rincones de recuerdos y le temblaba la mano con sólo pensarlo. Rebuscó entre el pasado y sacó esa foto que en el reverso tenía escrito un soneto primerizo que le inspiró nada más verlos en medio del campo. Sintió que esa imagen necesitaba versos que rimaran, como riman los abrazos al juntarse.




2.- Los árboles con lazos en las ramas,

cobijo del amor desde la tierra.

Acompaña el delirio de su pena

que sin dios y sin fe buscan su calma,


en el espacio abierto que amamantan

la libertad sin muro, ni cadena,

solo el cielo y las nubes los contemplan

orgullosos de no padecer del alma.


Juntos y en silencio, ajenos al tiempo

y al transcurrir cotidiano de los días

que pululan misteriosos y lentos


al paso de las tardes grises y frías,

ellos crecen humildes y contentos

y devuelven al paisaje su armonía.


3.- Recordó a Illanah y a Kasib cuando plantaron ambos árboles cerca del muro que separa Israel de Palestina, ella una niña judía y él un niño musulmán. Ambos con la edad tierna de las ramas y los brotes despuntando los sueños en forma de hojas. Las semillas germinaron y las raíces tomaron de la tierra sólo el espacio imprescindible para abrirse con sus ramas en la superficie y esperar, porque el oficio de los árboles es permanecer y recordar en su interior los anillos que se escriben sin apenas hacer ruido. Durante la infancia aquellos niños que jugaron a ser parte del paisaje crecieron como estos árboles, les bastaba respirar y alimentarse de la tierra, o posarse sobre ella y contemplar durante el día el cielo, el sol y las nubes, y en la noche antes de soñar cubrirse con estrellas.

Sí. Esa mañana de septiembre entre el sueño y el café se cruzó aquel titular en el periódico.

En busca de la paz: Israel y palestinos reanudaron diálogos directos

Mahmud Abbas, Benjamin Netanyahu y Obama (Jueves, 2 de Septiembre de 2010)

4.- Así se abrazan los hombres desde sus trajes limpios y pulcros, sin apenas rozar los botones de las mangas en el tejido del otro, puestas las sonrisas de la última estantería de los ensayos, cuellos de camisa y corbata civilizada para una foto inmortal, una foto sin madera ni raíces pero con toda la tierra amurallada.

Y todo por la tierra prometida de ese pueblo que en estandarte se dice elegido por Dios. Y todo por esa casa tomada que tal vez hubiera escrito Cortázar de vivir en Palestina. Y todo por ese país que se cree el ombligo del mundo sembrando guerras por doquier. Y todo porque dicen buscar la paz y sin embargo, se abrazan mientras acumulan cadáveres a sus espaldas.

5.- Recogió ambas fotos y las miró detenidamente, luego miro el cajón de madera abierto donde había otras fotos que dormían tranquilas. Una vez más volvió a sentir que la paz, esa PAZ de la que tanto hablan se guardaría en el cajón de las causas perdidas, porque no conviene. En sus manos nerviosas sostenía la foto de los árboles, estos que no creen en Dios y, que a su modo natural de ser, encontraron la paz hace años sin diálogos; en silencio desde la tierra hasta el cielo.


domingo, 7 de noviembre de 2010

Mis premios para los/as concursantes de la 6ª Edición de Paradela

Quiero compartir mi premio con todos y todas las concursantes de la 6ª Edición del concurso Pradela de Coles : Ibso, Raticulina, Aro, Anna, Anusky, Emejota, Noche, Nina, José Vte, Felicitat, Mamé, Dilaida y como no, a Mª Jesús por convocarnos. Creo que hemos ganado todos y todas.

Para eso he seleccionado algunos videos que os dedico:












BESOS Y HASTA LA PRÓXIMA...

miércoles, 3 de noviembre de 2010

VI EDICIÓN CONCURSO PARADELA - ESE ILUMINADO OBJETO DE DESEO


Sólo fue la luz rozándome las rodillas y recordé la lluvia sobre mi cuerpo que al contacto con mi ropa se hizo cálida, noté la humedad de Galicia rodando por mi piel, deslizándose como lágrimas entre mis muslos. Aquella luz era como una mano que se posaba casi sin peso por mis piernas y la sentía como una caricia poderosa que recorría mi espalda hasta llegar a mi nuca. ¡Qué maravilla! Poder sentir mis pechos como flores abiertas y recoger las gotas entre pétalos y frutas.

(A nadie le contó como descubrió el placer en sus rodillas, a nadie le dijo cómo una noche de verano mientras llovía, salió a caminar en la oscuridad, casi desnuda, calzada en las mismas botas anaranjadas para no hacerse daño con las piedras del camino. Se detuvo en aquel árbol centenario de inmensas y amplias ramas y se dejó mojar bajo la lluvia, y bebió de sus labios el agua que caía del cielo. Abrió sus brazos igual que un pájaro que quiere echarse a volar y comenzó a dar vueltas. Ya cansada, se detuvo al ver una luz que se desplazaba hacia ella. Aquella luz se prendió en sus rodillas y después de un rato notó el calor que subió como un hormigueo piernas arriba, como la savia en una planta que echa raíces y asciende hasta todas las ramas para luego convertirse en tierra dulce, en barro que se puede tocar. Y fue así, que a esa extraña luz le salieron manos que la tocaron antes de diluirse con todos los elementos de su propia naturaleza. Sintió el amor de la lluvia, de la tierra, de la luna oculta, de la noche, de la insólita luz cabalgando invisible hasta llegar aquel rubor de sus mejillas que la hicieron sentirse más viva que nunca.)

Luego estaba mi bolso azul, donde guardaba mis deseos. Introduje la mano en él para guardar el último que provocó este resplandor sobre mis rotulas y sin que nadie se diera cuenta lo coloqué a la altura de ellas para frenar ese calorcito que comenzaba a sentir entre los muslos. En ese instante alguien desconocido me hizo esta insólita foto y me la regaló, con el presentimiento de que adivinó mi estado. Debía de quedarme a ver la exposición de artesanía Gallega, se lo prometí a María Jesús, pero después de aquello, me sentía tan azorada que sólo tenía ganas de llegar a mi casa y desnudarme, abrir mi bolso con todos los deseos que llevaba dentro y de ningún modo apagar la luz, cerrar mi puerta y sentir el placer en toda mi intimidad.