Este Jueves Chelo nos proponía escribir un relato a cuatro manos, una experiencia que he compartido con Toni del Blog 'Buscando las coordenadas' y ha sido gratificante y divertido. Y este ha sido nuestro resultado:
LA CASA DE ORIÓN
Tonete
ya no cobra el paro y la pensión de su abuela (que, muy amablemente,
sus señorías han llevado al peluquero para que le recorten las puntas, y
algo más) no les alcanza para sobrevivir. Y ella repitiéndole “ten
cuidado, no vayas a caerte”. A Tonete, lo que está por caérsele, son las
lágrimas. Su abuela es una joya: cocina de maravilla, confecciona unas
batas que ríete tú del arte de la mismísima Coco, cuenta deliciosas
historias siempre distintas y vive amancebada con un ordenador. Tonete
le había propuesto a la abuela Gema venderla a una familia rica,
“pagarían una fortuna por alguien como tú, luego te secuestraría y
regresaríamos juntos a casa”. A la abuela no le ha parecido bien. “Con
qué cara me presentaría ante el altísimo, después de semejante estafa.
No hijo, hay que ser realistas”. Y ahí sigue Tonete, colgando el rótulo
de “Se vende” en el balcón.
Nada
más poner el cartel, llamaron a la puerta. Al abrir, apareció la cara
conocida de una joven que le gritó el tiempo que llevaban sin verse.
Después, con el mismo entusiasmo, dijo que deseaba comprar la casa, con
la condición de que la abuela quedara incluida en el contrato. La
anciana, al escucharle desde la cocina, quiso descubrir cual
de las amigas de su nieto trataba de hacer negocio con ella. Al verle
la cara, sonrió. Se trataba de Julia, la niña que se escapó de casa
hacía muchos años y pasó la noche en el cuarto de Tonete, en silencio,
mirando las estrellas. La abuela Gema llevó
los niños al balcón y les contó la historia de tres estrellas que
siempre caminaban juntas en el cielo. Desde ese día, la casa de la
abuela pasó a ser ‘La casa de Orión’. Ahora, Julia, con el rótulo en la
mano y llena de júbilo, sugirió que compraba a Tonete, si él también estaba en venta.
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