EN EL MARCO DE ESPERA
Desde su
ventana, la misma que observa a la hora de las comidas, como en un cuadro que sólo ella ha comprado ,
ve las estaciones pasar en ese árbol al que le crecen las ramas para poder tocarla, porque ella vive mirando hacia afuera. Y a
través del cristal sueña con ser un pajarillo
y no una mujer discapacitada, hundida en
una silla de ruedas. A ratos, vuela
entre los ramales y escapa por ese marco
de luz lejos de la residencia, y sueña, porque en realidad toda su vida se ha
sentido como un caracol que arrastra una
roca, y en sus pensamientos gira la noria de sus años allí metida. Nadie la
visita desde hace tiempo, y deambula por
los pasillos recordando a la
familia. Entonces, viaja hasta el otro
lugar que ha adquirido sin remisión y a fuerza de constancia, se coloca frente al teléfono esperando que
su madre la llame, como si aquel cable rizado fuera una extensión del cordón
umbilical.
Más llamadas teléfonicas en la cabina de María José



