jueves, 12 de abril de 2012

Este Jueves un relato. Café Colombia.


Llamaron a la puerta. Sabía que era Héctor el colombiano porque el presidente de la comunidad de vecinos les comunicó que hoy tratarían de arreglar los bajantes desde la terraza. Y le tocó a ella quedarse en casa para ayudarle en lo que fuese necesario. Todas sus compañeras de piso habían decidido que debía conocerle. No supo por qué armaron tanto alboroto cuando dijo su nombre mientras tomaban café en el salón unos días antes. María puso un periódico, entre sus manos o lo que quedaba de él.

-Este diario me lo prestó Héctor, tiene cantidad de noticias...más que noticias, son sucesos, mira, échale un vistazo.

No comprendió todo el interés que mostraban por el chico. De todos modos ojeó página a página los diferentes titulares. El periódico estaba fechado dos meses antes, las hojas informativas mostraban cierto deterioro por el uso; estaba arrugado y con algunas manchas entre las hojas.

- ¿Cómo puede tener tantas noticias sobre asesinatos?- dijo sorprendida

-Debe ser un diario sensacionalista. - comentó Eva que añadía unas cucharadas de azúcar a su café y escuchaba el tintineo de las cucharillas en las tazas de las tres amigas.

- Fíjate, en esta noticia: Los invitados de una boda fueron baleados, entre los muertos se encontraba la novia y varios familiares de ésta. -Leyó en voz alta- al parecer según han descubierto, un hermano de la novia tenía pendiente un ajuste de cuentas por una deuda. O si no, ¿habéis leído esta otra, que habla de un marido cornudo que contrató a un sicario para matar a su mujer?

El timbre volvió a sonar. Por un momento recordando la escena del periódico sintió miedo, el miedo irracional que surge ante lo desconocido, miedo por los prejuicios que le transmitieron las noticias del diario, miedo por encontrarse sola. Pero a ella le gustaba el riesgo y abrió con ese sensación de miedo y de curiosidad a la vez.

-Buenos días, - dijo un chico moreno, no muy alto, que físicamente le recordó al cantante Chayanne- podría llenarme estas cubetas de agua, por favor. - Le pidió con esa musicalidad especial de los latinos.

Mientras marchaba a la pileta se llevó la mirada del joven tras de sí. Después de llenar los recipientes, volvió a esos ojos indescriptibles que parecían mirarle sin sonrojo.

-Aquí tienes Héctor...

El joven sujetó un cubo en cada mano, pero antes de marcharse se volvió hacia ella.

-Dime¿ leyeron tus amigas el diario? -preguntó para ofrecer una simpática sonrisa al final de la frase.

-Sí, sí lo leímos. ¿Necesitas que te devuelvan el diario? - Porque ... -volvió a interrogar sin esperar respuesta ¿de verdad pasan esas cosas tan horribles?

- A veces es incluso peor.

- Estás de broma¿ verdad?

-No, de ninguna manera.

-¿Y cómo podéis vivir así? Dime, cuéntame. -Le sugirió .

-Ahorita no puede ser, mi jefe me espera, pero si quieres esta tarde te invito a un café y te cuento todo lo que quieras saber de mi país. Prometo no ir armado. - se despidió llevándose la sonrisa y la mirada después de anotar el lugar y la hora, además del teléfono en el reverso de un billete de autobús.

Al cerrar la puerta se llevó la mano al corazón y latía tan fuerte que aflojó sus rodillas y sintió un pellizco en el estómago. Con el ticket en la mano gritó emocionada. ¡Café Colombia!.

Y puso música para bailar.



Más relatos sobre Colombia en casa de Wendy

23 comentarios:

San dijo...

Los prejuicios, siempre por medio. Miedo a lo que no se conoce, no todo es lo que aparece en un diario, ya k demuestra este Héctor. Ya veremos que ocurre tra el café colombiano jejeje, ese pellizquito en el estomago....
Un beso guapa.

Neogeminis dijo...

Siempre he sostenido que un buen café puede ser excusa y complemento indispensable para cualquier encuentro que tenga reales posibilidades de "crecer y multiplicarse" jejejeje.
Ingeniosa manera de hilar esta historia que nos enlaza con el tema de este jueves.

un abrazo.

Natàlia Tàrraco dijo...

A pesar de los pesares, de las notícias que nos aterran, siempre triunfarán las miradas comunicándose, esa cita de ojos, sin armas, con café de Colombia.
Encarni, le diste un vuelco al tema muy interesante, lleno de complicidades humanas, eso nos redime, por eso vale la pena vivir y tomarse un cacao colombiano.
Saludos y felicitaciones, besito.

Wendy dijo...

Hola Encarni:
A veces yo tambien me pregunto porqué continuamos viviendo, aun en medio de tan malas noticias. Tal vez es que, dia a dia, renovamos ese acto de fe que es ser colombianos. Y qué mejor que una taza de café para ello.
Muy buen relato que ya hace parte de mi mismo relato ;)

G a b y* dijo...

Hoy por hoy, creo que cualquier periódico que agarremos, sea del país que sea, traerá ese tipo de noticias lamentablemente. Es una realidad inevitable y mundial. Tal vez, en algunos países, se da ese tipo de asociación inmediata por hechos puntuales que marcan. De hecho, Colombia ha hecho telenovelas muy interesantes representando este tipo de situaciones trágicas como he visto por la tv de aquí.
Un muy buen relato, con un enfoque distinto.
Besitos y compartamos todas la tacita de café!
Gaby*

José Vte. dijo...

Desgraciadamente parece que nos acostumbramos a las noticias violentas y casi ya ni le damos la importancia que merecen. "Cientos de muertos en la explosión de una bomba en Iran", mientras no dejamos de sorber la sopa.
Todo en esta sociedad se ha trivializado, pero es una amarga realidad. Colombia, desafortunadamente, es constante noticia por este tipo de sucesos.

Un abrazo

Cristina Piñar dijo...

La verdad es que como periodista no me gustaría nada tener que contar ese tipo de noticias que, por desgracia, son bastante frecuentes en Colombia. Por otro lado, es cierto que muchas veces nos pueden los prejuicios, pensando, por ejemplo, que todas las personas de un país tienen que ajustarse a los estereotipos del mismo, aunque gracias a Dios no es así. El Héctor este me parece más bien inofensivo, jeje. Un beso.

J. G. dijo...

Que bien lo has hecho, y estoy seguro que el Héctor ese debe de ser un tío estupendo.

Matices dijo...

Nos presentas dos temas, por un lado la imagen mas oscura de Colombia que se sufre y no da tregua y por otro, la buena costumbre de prejuzgar, y ya ves lo mismo se te agarra el miedo al estómago que te da un vuelco al corazón en tan pequeño espacio de tiempo, así es el ser humano...
¿y si comen perdices? la sal de la vida...
Besos!!

gustavo dijo...

tengo algunos países , que son representativos de algnunos otros, a los que en principio no iría:
bolivia, ecuador, centroamérica, mejico, marruecos, tanzania, tailandia...y así...
a casi todos ellos no iría, ya no tanto por su posible violencia, sino por que para descubrir pobresa desde mi "riqueza", me quedo en casa. a algunos otros no iría por que la violencia me echa para atrás...
y sin embargo, reconozco que todo esto, que los miedos que tengo, provienen de los estereotipos que me he formado. lo malo es que no me los quito así como así...
medio beso, encarni....

Sindel dijo...

Siempre todo comienza pot tomar un café, es un lazo indispensable en el encuentro de dos personas.
Una historia que muestra las dos parte de un colombiano.
Un beso.

nocheinfinita dijo...

Guapo y con sentido del humor, a mi también me gusta este Héctor :)

Muy bueno el relato.

Besos

Carmen Andújar dijo...

Supongo que esto de la violencia debe de ser muy fuerte. Ya se que la gente cuando es pobre puede llegar a hacer cosas inexplicabels; pero llegar a estos extremos demuestra lo negro del corazón humana.
Un abrazo

mariajesusparadela dijo...

Me encanta ese final abierto...

Teresa Oteo Iglesias dijo...

"Es más fácil romper un átomo que un prejuicio" dijo Einstein y qué razón tenía!!! Pero yo también me tomaría un café con Héctor...jejejUn beso

diego dijo...

Colombia, un país maravilloso al que volvería a ir cien veces. Nada que ver (o poco) con la imagen que tenemos de él aquí. Supongo que la protagonista de tu historia bailaría un vallenato :)

ana dijo...

A mí me temblaría todo, lo desconocido es lo que tiene, se llame como se llame.

Un besico.

Juan Carlos dijo...

Últimamente tenemos la suerte de compartir nuestra cotidianeidad con personas que vienen de lejos y eso nos permite contrastar culturas, visiones del mundo, nos enriquece.
Eso veo en tu relato, además del conocimiento de dos personas.
Besos, Encarni.

virgi dijo...

Segura estoy de que se lo pasó del diez con esa sonrisa que nos dices.
Bien vale un café.
Y todo lo que venga después.
Besos

Esilleviana dijo...

:))
si es tan guapo como Chayanne, como resistirse a ese café colombiano.
Lo primero que he pensado que también en Europa, España suceden casos tan violentos y crueles como en Latinoamérica. En mi ciudad, en un barrio muy conflictivo, hoy sábado han tenido que venir los GEO de Sevilla para hacer una redada antidroga porque llevamos una semana con tiroteos en la calle... increible verdad? pero es cierto.

En C. el narcotráfico lleva muchos años funcionando por tanto, será tan habitual como lo que estamos descubriendo ahora aquí. Los estereotipos tienen el gran inconveniente, se establecen en modelos y patrones de comportamiento.

Siempre me agradan tus lecturas.

un abrazo

Ceci dijo...

¡Uy cuanta expectativa! y allí comienza la segunda parte de la historia, con un inocente café, hermoso sentimiento, cuanta emoción tiene ese final de relato y principio del que se escribirá entre dos personas, yo tambien me puse a bailar al son de tu canción elegida, me encantó Encarni, te dejo un gran beso

Manuel dijo...

No se puede negar que tu hector va directo como pocos, ¿seran todos asi en Colombia? jajajajajajajaja
Un beso

Ana dijo...

Esa propuesta tan común de "te invito a un café" por más que se emplee no deja de ser sugerente; siempre ha sido el principio o el final de tantas historias...


¡A ver cuando nos tomamos uno!