miércoles, 3 de octubre de 2012

En Café de Palabras: Fuera de Juego


Fotografia: E.Fernández

TARJETA ROJA

Miró sus palmas abiertas como viejas amigas que habían vivido para contar su propia historia. Y al mirarlas otra vez pensó que todo en ellas era pasado y bajó la mirada con resignación. Debía salir hacia la oficina de empleo y se asomó a la ventana. Llovía. Llovía tanto que se mojó la cara y el pelo y sonrió. Buscó un paraguas y sólo encontró el de su hijo con motivos infantiles. No se sorprendió al ver sus enormes dedos sujetos al puño y parte de la pestaña de la sombrilla y sintió que tenía un juguete entre sus manos. Observó a muchas personas sin resguardo de la lluvia que corrían empapadas buscando algún refugio por un rato. Una mujer le regaló una sonrisa y la guardo en el bolsillo de su jersey que sintió tibia en su pecho y atemperó el trayecto que todavía le quedaba. Advirtió la humedad sobre su cuerpo por el agua que salpicaba desde las varillas hasta su ropa y recordó en ese momento que pronto acabaría el subsidio familiar. Y notó un escalofrío en su espalda que se le quedó como una culpa en la conciencia. Oyó la algarabía de unos niños jugando al fútbol en una plazoleta, a ellos no les importaba mojarse. Fuera de juego, gritaban unos contra otros. Un chico visiblemente enfadado le dio una patada a la pelota que le alcanzó el hombro dejando una enorme huella de barro sobre su indumentaria. Un tanto molesto intentó limpiarse la mancha con la mano que le quedaba libre y así llegar presentable a su destino, después al agacharse para recoger el balón percibió su extremidad superior como una garra que sujetaba aquella bola de goma que botaba sin control. Dudó en devolverla a aquellos mocosos, pero se apiadó de ellos porque recordó a su hijo y continuó su rumbo.
Cuando llegó a la oficina se colocó en larga cola de setas con hombres y mujeres, todos igual de encogidos y mojados que él, todos del mismo color gris que las nubes. Se adentró en la sala esquivando los pequeños charcos que había en el suelo y se sentó a esperar. Al escuchar su nombre avanzó unos pasos entre la gente hasta llegar a la mesa indicada. La funcionaria observó sus ropas y sin darle importancia le invitó a sentarse. Después de solicitar un empleo como tanta veces, acabó por pedir una nueva prórroga de ayuda a la familia, que también le fue negada. Cabizbajo y triste se levantó de la silla y se dirigió a la funcionaria:

-Acaba usted de presentarle tarjeta roja a toda mi vida. –le dijo apenado. Antes de salir buscó su paraguas y no lo encontró.

1 de Octubre de 2012

12 comentarios:

Montserrat Sala dijo...

Seria precioso, si solo fuera un relato. Pero por desgracia esta tarjeta roja la ven muchas personas, cada día en su oficina del Paro.(que no de empleo).
Y lo mismo da si llueve, si los niños juegan o si se ensucian.
El funcionario, otrora antipático y distante, los ve alejarse con una gran tristeza en sus ojos.

Buena composición. Muy bien escrita.

mariajesusparadela dijo...

Cada día hay más gente en fuera de juego en este país.

Dilaida dijo...

¡Qué pena que esto que relatas fenomenal no sea sólo ficción!
Bicos

virgi dijo...

¡Cuántos casos como ese! Una tristeza diaria, qué pena me da esta gente.
Un abrazo

virgi dijo...

Y rabia, porque no ha sido su culpa.

Maripaz Brugos dijo...

Un relato muy bueno y por desgracia muy real.
Un beso.

Eastriver dijo...

Ostras, es muy bueno... Me gusta porque trasciende el caso concreto y mira alrededor, como en un fresco. Trasciende el yo y va al nosotros.

Y el detalle nada casual de perder el paraguas... Está sinceramente muy bien.

Marta C. dijo...

Triste y desesperanzador relato como desesperanzador es el futuro de tantas familias a las que ya no llega ni un euro de ayuda. qué bien nos has transmitido la tristeza de ese hombre bajo la lluvia, sin esperanzas de cambiar su futuro, sin nada que ofrecer a su familia. Me ha gustado mucho el final, le quitaron hasta el paraguas infantil. Muchos besos.

San dijo...

Demasiadas personas en la cola de la oficina de empleo, demasiadas.
Un abrazo, suave brisa.

Carmen Andújar dijo...

Una vida triste la de este pobre hombre. No le importó a esa mujer nada lo que pasaba por la cabeza del hombre, cumplía con su función y no pensaba en nada más.
Una pena
Un beso

Esilleviana dijo...

Ellos nos han situado en esta posición antirreglamentaria, creando un espacio donde desentenderse de todos los problemas porque también según ellos: tienen que animarnos a buscar empleo, puesto que nos acodamos a ser unos parásitos de 400 euros... increíble!

Tu texto realista y hermoso, siempre.

Un abrazo Encarni

Ana dijo...

Es tremenda la situación de tantas y tantas personas que son literalmente excluidas por un SISTEMA injusto, arbitrario, carente de lógica, ética y estética.

Besos.