jueves, 3 de noviembre de 2011

La casa torcida (Ejercicio de Narrativa)










La casa se elevaba desde el suelo  en líneas sinuosas y deformes hacia  arriba, lo que otorgaba a la construcción  una  perspectiva fantasmal, sacada sin duda de material onírico,  y forjada de cuentos de hadas y castillos encantados. Las ventanas  colgaban amenazadoras a través del brillo de los cristales, y las curvas descendían hacia abajo, donde  varias bocas se mostraban como puertas abiertas a la entrada.
Cada uno de los inquilinos e inquilinas de aquella mansión  habían llegado allí  a través de un sueño que reconocieron enseguida, nada más verla.
El primero en llegar a la casa fue Gerardo; profesor de filosofía, hombre de fuerte carácter y claras convicciones que, a sus 60 años   tras quedarse viudo desde hacía cuatro y con sus hijos independizados, encontró en el patio el lugar idóneo para cuidar y cultivar, sus flores y plantas.
En los áticos A y B se instalaron Julio y Natalia. Él, escritor y periodista que en la quietud de la noche, bucea en el misterio de su primera novela junto al encargo de algunos artículos periodísticos. Ella, actriz principal de la obra ‘La dama Boba’ con gran repercusión y éxito años atrás, espera un  papel que la catapulte de nuevo a la fama. Mientras esto ocurre, sirve copas en un local regentado por el mundillo artístico y cultural.
En la vivienda A de la primera planta, se instaló Miguel - un señor de mediana edad, que ejercía de Psiquiatra en  un hospital-  junto a su madre,  Doña Leonor de setenta y cinco años. Ambos mantenían una relación materno-filial bastante correcta y tolerante entre ellos. En la vivienda B, se trasladó  Candy, una importante restauradora de cincuenta y cinco años que acaba de divorciarse de  su marido, un capullo de las finanzas    que se lió con  una mujer treinta años más joven.
A pesar de los meses viviendo en el edificio, los inquilinos mantuvieron las distancias  unos con otros hasta el día que recibieron la carta del ayuntamiento anunciando  la poda del árbol  situado cerca de la entrada principal. En la misiva incluía el mes, el día y la hora del sacrificio. Después de recibir la noticia,  Gerardo estuvo todo el día nervioso, yendo de un sitio a otro cabizbajo, pensando en cómo impedir semejante sacrilegio. Y en ese ir y venir, decidió convocar en su patio a los vecinos y vecinas para la tarde del día siguiente e intentar solucionar el grave problema que suponía eliminar el árbol en plena primavera.
La tarde de la reunión, una vez que se presentaron todos los inquilinos e inquilinas  emplearon unos minutos de charla informal, y a continuación el profesor de filosofía  abordó  el asunto de la poda de una manera directa  manifestándose en desacuerdo con la notificación del ayuntamiento. La vecina del 1º B, defendió con vehemencia  la extinción del  arbusto y enumeró todos  los inconvenientes de tener  un árbol a la entrada; por la poca visibilidad del edificio, y por las dificultades de tener  las ramas tan cerca de las ventanas, con  el peligro  de ser invadidos por animales, insectos e incluso personas. Natalia a pesar de estar a favor de Gerardo manifestó en todo momento su acuerdo con Candy, sobre todo por interés profesional. En cambio, Julio y Miguel se posicionaron a favor de la restauradora, e incluso defendieron con argumentos la decisión de cortarlo de raíz.
 Gerardo utilizó toda su filosofía,  incluyendo la razón  y por eso,  quiso ser pragmático  y,  dio una lección didáctica sobre la vida que contiene un árbol como ser vivo,  purificador del aire y de la atmósfera. Pero todo análisis era rebatido por la restauradora y, apoyado  por el resto de vecinos. Gerardo pensó que  estaban sentenciando al árbol  a la pena de muerte, con el único agravante  de  expandirse frente a la casa. 
A punto de proceder a las votaciones, llamaron a la puerta y el profesor acudió a la entrada. Al rato,  apareció Doña Leonor, madre de Miguel, junto a dos individuos desconocidos. La señora se excusó por interrumpir la reunión, miró a su hijo de soslayo y presentó a los dos hombres que vinieron con ella.   El más espigado con el pelo  pajizo dijo llamarse Aníbal,  el otro señor se le conoció con el nombre de Pedro. Este último comenzó  a explicar los diferentes motivos por los cuales no se podía cortar el árbol, entre ellos había uno muy importante que  pudo leerse en un recorte de periódico algo amarillento que mostró a todos los allí reunidos. Enseguida reconocieron a la escritora Agatha Christie muchos años atrás  plantando un arbolito;   el mismo arbolito que ahora se erigía esbelto extendiendo sus ramas repletas de hojas y flores. Aníbal  tomó la palabra y  continuó diciendo que  harían una campaña en contra de la poda  incluyendo ruedas de prensa y actos mediáticos para conseguir la amnistía del árbol. Doña Leonor  alzó la voz,  e hizo un apunte literario  explicando a los inquilinos  que dicha autora escribió una novela  de misterio ambientada  en una casa con las características de aquella  mansión donde todos residían. Continuó diciendo que, el arquitecto del edificio  desde siempre quiso construir una casa con esas características, y buscando entre los archivos de la escritora encontró el árbol. Esto dio lugar a un murmullo generalizado y hubo que poner orden como en las escuelas cuando cada alumno quiere opinar sobre la misma cuestión. El profesor llamó al silencio y, el volumen de las discusiones  fue bajando  poco a poco hasta no oírse nada. Fue entonces cuando  manifestó su decisión de apoyar la iniciativa de aquellas personas. El árbol no se cortaba.

20 comentarios:

mercedespinto dijo...

Magnífico ejercicio, está claro que Ana y tú estáis sacando buen provecho del taller de narrativa.
¿Te has dado cuenta que no hay nada mejor que nombrar a un famoso, en este caso muy bien traída Agatha Christie, para que la gente cambie de opinión?
Un abrazo.

Eastriver dijo...

¡Qué bien lo resuelves! ¡Y qué interesantes ejercicios que os proponen en ese curso?

Bueno, tienes mucha gracia dibujando los personajes. Tienen ahí una cuchipanda con la que puedes hacer muchas cosas (la madre y el hijo tienen tela... será porque siempre que leo algo sobre una madre y un hijo de este perfil no puedo evitar acordarme de Psicosis). Interesante también Candy. Y la actriz. El escritor, en cambio, ya me suena más previsible. Y Gerardo, que tiene madera de protagonista.

Yo he asistido e impartido cursos de creación literaria. Y está muy bien lo de conocer los secretos técnicos del oficio. No es que esté muy bien a secas: es que es necesario. Pero la técnica no puede hacernos olvidar el alma, que a veces se olvida. Y el alma viene dada por unos personajes en un ambiente en una época, en un lugar. Y esos personajes están llamando a la puerta. Créeme, dales vida.

Encarni dijo...

Eastriver, estoy de acuerdo contigo, creo que este texto le falta un poco de alma, digamos que me limito a hacer una narración de los hechos. Ten en cuenta que primero hacíamos un esquema con la mayoría de los datos que se ven, y que elaboramos entre todos/as. A partir de ahí, teníamos que trabajar el ejercicio.

Después de leerlo, me pareció un poco frío, la única manera de darles vida sería contar la historia de cada uno de los personajes.¿Eso es lo que tratas de decirme, con lo de darles vida? ¿O debería humanizarlos más en este mismo relato?

La verdad es que lo único que me preocupaba de este ejercicio, era cómo resolver el final, y la narración en sí misma con todos los datos apuntados.

Gracias por tus apuntes sobre el tema.

Encarni dijo...

Mercedes, ayer me di cuenta de todo lo que me quedaba aún por aprender, pero eso me alegra, porque me encanta descubrir lo que no sé e intentar hacerlo mejor y eso, lleva tiempo y dedicación.

Un abrazo.

nocheinfinita dijo...

Me encantó este relato y lo mejor, que el árbol no se corta.

Bien.

Un abrazo

mariajesusparadela dijo...

Yo creo que Ramon quiere decirte que hagas con ellos una novela, que los crees y que nazcan de ti.
Y yo estoy de acuerdo con él.
El árbol no se corta, los personajes no pueden morirse...

Lluís Bosch dijo...

Pues si eso es un jercicio me quito el sombrero. A ver si vuelvo pronto por aquí y me llevo otra sorpresa... Felicidades!

Dilaida dijo...

Estupendo ejercicio, también prefiero que el árbol no se corte.
Bicos

latrís dijo...

Cada vez es más instructivo leerte Encarni!!!
Besotes

Tonet dijo...

Ayyyy....me encantó. Buenísimo :) y el árbol se salvó ...jeje, un final redondo.

Besote

virgi dijo...

Muy bien, que no se corte. Y la casa tampoco, que da mucho juego.
Besitos

Isabel Martínez Barquero dijo...

Me parece estupenda la idea del desarrollo más amplio de este texto, porque se han descrito un buen número de personaje a grandes trazos y, ahora, toca bucear en sus interiores, conocer sus vidas, sus aspiraciones, sus miedos, sus filias y sus fobias.
Lógicamente, siempre que te encuentres a gusto en el desarrollo, Encarni, porque cada autor tiene sus temas, su visión y su impronta. Si al darle marcha a la pluma, notas que no te interesan, mejor centrarse en algo que se impone en tu corazón sin que puedas evitarlo.
A veces, bocetos de novelas se nos quedan en relatos y, otras, relatos se convierten en novelas, porque nos llaman a la puerta continuamente invocando una mayor profundidad.
Un abrazo y ánimo.

P.S.- En algo sí que discrepo de mi amigo Ramón, y es en que los talleres de narrativa nos los tengo en estima. Se imponen temas del gusto de quien los imparte, se atiende a modas y, en ocasiones, se sacan estupendos escribanos, redactores, ingeniosos y otras faunas, pero no escritores. Y lo más lamentable y ajeno a la literatura: todos cortados por la misma tijera, algo reñido con la esencia intrínseca de la literatura. En los blogs, leo muchas veces textos que son clones de esta tendencia.
No obstante, bueno es aprender técnicas, eso sí.

Esilleviana dijo...

También me alegro que no se cortara el árbol; si querían dejar una huella cultural en la zona, ese árbol que representa la solidez y la tenacidad de la autora, era el mejor símbolo.

Como siempre es muy entretenido leerte.
:))

un abrazo

Jose Vte. dijo...

Buen relato Encarni, realmente estais aprovechando bien las clases del taller de escritura, aunque material ya había de fábrica.

Y me alegro que no talaran el árbol. Mira por donde la cultura es un elemento favorecedor del mantenimiento y cuidado del medio ambiente.
Hay si Agatha Christie levantara la cabeza, seguro que estaba encantada.

Un abrazo

Anna Jorba Ricart dijo...

Encarni, muy interesante este aprendizaje, tanto es así que me han entrado ganas de apuntarme también, tengo mucho tiempo libre y esa es una idea que me ronda.
Tu tienes un don natural y a mi me gusta como lo haces.
Si se aprende técnica, tal vez se sumen directrices como complemento...yo es que tengo el defecto de ser autodidacta.
Mucha riqueza en los comentarios,así me da gusto leerlos.
Me alegro de que se conserve el arbol.
Un abrazo.

diego dijo...

A mí me parece un muy bien ejercicio para un taller de narrativa. Da pie para escribir un texto más largo, por supuesto, pues los personajes son varios y muy diferentes. Pero, esa ya sería una segunda fase. En el taller al que yo asistí el año pasado, los textos muy largos me los acortaban para calzarlos en el esquema de los dos folios como máximo que pedían. En fin, lo importante es asistir a ese tipo de talleres y aprender, conservando cada cual su personalidad. Yo me identifico con Gerardo, por supuesto. Y estoy seguro de que, si al final se hubiera decidido cortar el árbol, la casa se hubiera estirado, destorciéndose, y se habría convertido en una casa vulgar. Y sin árbol.

Eastriver dijo...

Encarni, no, no --- entendiste mal. /Ah, y gracias por avisarme en mi blog... a veces no vuelvo, no por falta de ganas sino de tiempo. Gracias)

Bueno, dije que entendiste mal. Yo no dije que tú texto no tuviera alma (aaaaa, las mujeres, cómo sois, jajajajaja, un comentario general pensáis que va para vosotras, jajajaja, no, no, en serio que no, al menos en este caso no.) Dije: "la técnica no puede hacernos olvidar el alma, que a veces se olvida", pero no en el sentido de que el tuyo no tuviera alma, sino en el sentido literal de que con técnica sólo no vamos a ninguna parte.

Yo, precisamente pienso que tus textos tienen muchas alma. También es verdad que La casa torcida adolece un poco de sentimiento, pero no de alma. Yo lo que quise decirte es que este relato tuyo me parece muy válido en potencia, pero se queda corto. Tú te volcaste en los personajes, o al menos es lo más logrado. Y esos personajes necesitarían más espacio para lucirse.

Por lo demás es un ejercicio literario, guiado, poco libre, y entonces es normal lo que te digo. Yo, y en esto no estoy del todo de acuerdo con Isabel-desalmada, sí creo que los talleres literarios ayudan porque dotan de técnica y eso es muy importante. Pero quedarse ahí es lo malo, una vez que tenemos la técnica en el bolsillo tenemos que alzarnos a volar. Y hacerlo sin guías, sin controles, libremente, que en eso sí le doy la razón a Isabel.

Bueno, sería largo y seguramente mejor hablarlo ante un té, pero de momento tenemos esta ventanita chiquita que al menos ha hecho posible que nos podamos conocer y comunicar. Un abrazo.

Mistral dijo...

Magnífico relato!!!

Un placer

Ana dijo...

Encarni, veo que os lo ponen difícil en el taller de narrativa. Me parece que son demasiados personajes para un relato corto, no puedes más que presentarlos (como haces) con algún matiz sobre su personalidad...si lo que te preocupaba es el final. ¡Muy bien resuelto! A SEGUIR...

Encarni dijo...

Os doy las gracias por vuestros comentarios, creo que en esta escuela de la vida aprendemos todos/as, aprendizaje compartido es lo que llamabos a esta forma de aprender.

Paso a contestar a algunos de vosotros porque lo creo conveniente:
Mª Jesús, cuando escribía el relato, pensé que se podría sacar más material, no sé si llegaría a una novela, supongo que como decía Ana María Matute, cuando ella se ponía escribir nunca sabía como iba a acabar la historia. De todos modos me lo pensaré.

Isabel, en parte estoy de acuerdo contigo sobre los talleres de escritura, este es el primero al que asisto, y será muy cortito. Por eso trataré de aprender todo lo que pueda. Es cierto que cada maestrillo tiene su librillo, y los talleres pueden ser muy subjetivos por muchos motivos, por los gustos y preferencias de los monitores, y por sus propios criterios personales que tratan de transmitirnos. Por otro lado la técnica está muy bien, quizá yo personalmente adolecía de este tipo de conocimientos, tal vez, me llevaba más por mi intuición, pero claro, todo esto tiene unas pautas y unos criterios. En eso estoy. Gracias por exponer tu punto de vista.

Ramón, gracias por venir y tener la amabilidad de contestarme, es posible que ese día estuviera algo espesita para coomprenderte, porque me quedaban algunas dudas que ya has resuelto, y explicado muy bien. Me parece muy acertado tu comentario. Una vez redactado el texto es bueno abstraerse, ser oobjetiva y autocrítica con una misma, así el texto queda como un objeto de estudio. Y también pensé que los personajes querían salir, pero amigo Ramón, tenemos pendiente ese tema, jejeje. No olvides que esto va poco a poco.
Sería estupendo charlar ante una taza de té, te darías cuenta lo patosa que soy. :-)

Un abrazo a todos y todas los que pasáis por aquí.

Al resto no os contesto, pero os quiero igualmente y os doy las gracias por vuestros comentarios. Y el que se me enfade que me lo diga, y ya veremos qué hacemos. Ok?