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viernes, 25 de noviembre de 2011

TARDE CON CLARA



CLARA OBLIGADO se presentó sencilla, igual que si hubiéramos llamado a su puerta y nos hubiera recibido con ropa de andar por casa y nos hubiera ofrecido tomar asiento para compartir un café en una tarde lluviosa. Vino sin adjetivos, sin ornamentos, con nombre propio. Se sentó entre nosotros y mezcló su sentido del humor argentino con nuestras ganas de acompañarla. La tarde se hizo deliciosa con sabor a palabras.

Nos reunimos con Clara en la cafetería ‘Las Batallas’, por una parte gracias al Centro Andaluz de las Letras que la invita a presentar su nueva obra El libro de los viajes equivocados’ y por otra a la Asociación cultural Lapislázuli que ha tenido la gentileza de invitarnos (como participantes del taller de narrativa) a asistir e este encuentro casi furtivo antes de la presentación. Al ser pionera en los talleres literarios, intercambiamos nuestras experiencias, nuestro taller había sido un taller exprés, y ella comentó que, sus talleres tienen varios niveles, y los del último nivel ya son escritores que publican sus obras.

Un compañero comentó que se negaba a escribir porque pensaba que ya había muchas obras y muy bien escritas (algo que yo misma he pensado alguna vez), en ese momento, la escritora se dirigió al compañero y dijo: eso es como decir que no follo porque hay muy buenos amantes. Y nos echamos a reír, cierto que no lo habíamos visto de esa manera. Porque la relación de la escritura es una relación amorosa, no nos quepa duda. También afirmó que si escribíamos éramos creadores, algo que nos venía grande pero que nos llenó de complicidad.

El grupo del Taller de narrativa

Confieso que no había leído nada de esta escritora; unos días antes estuve mirando en la biblioteca y solo pude encontrar un relato corto de un libro en el que colaboraba junto a otros escritores. El relato me pareció exquisito, no porque se titulara ‘Hombre con mujer en la cocina’, sino porque asociaba la idea de la cocina con la evolución del hombre y la sexualidad a través del tiempo en regresión hasta volver al presente con el postre.


Ya en la presentación del libro, continuó con su calidez y su forma natural de expresarse. Desde nuestro breve encuentro había conseguido que la viéramos cercana, casi como una amiga de toda la vida, afable y accesible.

Lola Romero y Clara Obligado

Después Lola Romero nos leyó el primer capítulo del libro y quedamos embelasados con la historia y con la voz. Y recordé el relato que leí; si aquel hacía una evolución de la humanidad, éste hacía una involución en espiral como una caracola.El libro promete ser interesante y ameno.



Aquí podéis ver una pincelada 'Madison, Los puentes de' de este nuevo libro de Clara Obligado.


Fotografía y texto:@ E. Fernández

jueves, 1 de julio de 2010

La canción de Dorotea




Acabo de terminar de leer ‘La canción de Dorotea’ de Rosa Regás, no había leído nada de esta escritora, pero hace unos años cuando salió publicada tuve la oportunidad de escucharla mientras hablaba de su novela y desde entonces tuve curiosidad por leerla. La protagonista es Adelita, una empleada de hogar que al principio parece la ‘chacha’ perfecta, y que la escritora va descubriendo a medida que pasan las páginas la intensa vida que lleva su mujer de la limpieza, que no es otra cosa que sujetarse a la vida como una araña tejiendo su propia tela.

Siempre llama mi atención en literatura como son tratadas estas mujeres que al fin y al cabo hacen un trabajo infravalorado, mal remunerado, y en muchos casos con historias de todo tipo guardadas en la profunda intimidad.

Yo he sido (aún soy) una de esas chicas que trabajaba en una casa, cada día debía de coger un autobús, y para no aburrirme siempre llevaba algo que leer. Un día me llevé ‘Un corazón simple’ de Flaubert, una novela pequeña, la protagonista, Felicité, entra a servir en una modesta casa, en la que apenas le dan sustento y alojamiento a cambio de trabajar muy duro. Ella siempre silenciosa, siempre dispuesta, trabaja sin parar. En un lugar de la historia la señora de la casa piensa que los sentimientos de la criada por falta de noticias de su sobrino, muy querido para ella, no se pueden comparar con los sentimientos de ella hacia la falta de noticias de su hija, en el caso de Felicité su sobrino es un pelagatos, en el caso de la señora, su hija es una señorita y no hay comparación. A través de toda la historia, esta criada sigue fiel a su ama, a pesar de que ésta tiene muy mal carácter. En algunos momentos que por entonces viví en aquella casa, me sentí como Felicité, pasaba a ser un elemento más del mobiliario. Las ordenes y sugerencias me las dejaban por escrito, todo se basaba en la mínima comunicación. Tal vez mi juventud me impidió ver cuál era mi papel en este escenario, pero cuando leí está novela, asumí por completo mi guión y me negué a aceptarlo.

El año pasado leí ‘La elegancia del erizo’ de la escritora francesa Muriel Barbery, aquí, una de las protagonistas es Renée, la portera de un edificio de clase media-alta que mantiene amistad con Paloma, una niña que habla de la vida y que tiene la intención de suicidarse cuando cumpla 12 años. Renée es una mujer culta, ha leído muchos libros y le encanta la literatura, pero como es una portera piensa que debe representar el papel que todo el mundo le asigna, es decir, una mujer de escasa cultura, pocos modales y que ocupa su tiempo viendo la televisión. Es por eso que la tele está a todas horas funcionando, en cambio, ella tiene una pequeña biblioteca en el interior donde va a leer con su gato León.

Aquí donde las etiquetas se colocan para economizar las emociones, para gestionar lo desconocido y para delimitar campos de actuación sobre el reparto de guiones. Sí, aquella señora me miró extrañada cuando vio un libro de poesía en mi bolso barato y se sorprendió verme escuchando música clásica, cuando según ella debía llevar como mucho una revista de cotilleo y que escuchara el grupo ‘Camela’. Así que, si me dedico a fregar suelos y azulejos o a limpiar lo que haga falta, debo de meterme en mi papel, un papel secundario que apenas debería tener alguna frase esporádica o en muchos casos ni eso, con formar parte del relleno es suficiente.

A mí no me pagan por pensar, lo que ocurre es, que pienso en lo poco productivo que resulta el trabajo doméstico, en que la mayoría responde a un patrón femenino y cuando no es un trabajo voluntario (obligatorio) en casa, y se ha de remunerar, este trabajo legalmente no existe porque no se cotiza.

Una mujer podría estar toda una vida trabajando en la economía sumergida y en su vejez no habría producido nada, no le correspondería nada, a no ser que tuviera la suerte de alguna pensión no contributiva.

Pero volviendo al libro que acabo de terminar de leer, no es un libro que me haya fascinado especialmente, en todo caso me ha intrigado las correrías de Adelita o la canción de Dorotea, esa canción que cada cual canta a su manera, y en muchos casos cantamos la canción equivocada, pero si se lleva mucho tiempo escuchando la misma, posiblemente sea la nuestra sin darnos cuenta. Yo podría cantar varias canciones, a la vez, pero sólo me pagarían por cantar una, así que vivo ensayando entre bastidores.

viernes, 23 de abril de 2010

Un buen BOOK




Felicidades a todos/as aquellos que celebran este día.

Un abrazo.